Reportaje a Alejandro Granados

Reportaje para la revista "Contratiempo" en Mayo del 2003.

 

Estaba tomando clases en Sevilla, con el Torombo, y al comentarle que me iba a Madrid, me dijo:” Busca a Alejandro Granados”
Afortunadamente lo encontré, y entendí de inmediato el porqué de la recomendación. Era esa filosofía, ese aire farruquero, ese aire, el peso, el porte, la sensibilidad.
Esa sensación de naturalidad, de raíz, y al mismo tiempo tan justo y completo.
Ahora, en Nueva York, Alejandro se presentó como invitado en el espectáculo”Noche Flamenca”, y aproveché esta oportunidad para conversar con él.

F.: Contáme como fue tu formación. ¿Cómo empezaste, con quién estudiaste?

A.: Empecé en Zaragoza, haciendo Ballet Clásico, puro y duro con una súper maestra que es Maria de Ávila, la maestra de todas las figuras del clásico de España. Entonces esa fue una parte muy importante, porque a mi me gustaba mucho el Ballet clásico. Y luego, lo tuve que dejar porque me fui al ejercito, y ya cuando volví cada vez que hacia algo, tenia muchas lesiones, entonces estaba mas tiempo con la pata en alto que bailando.
Y ya, mi madre tenia un grupo, porque mis padres bailaban los dos, yo he nacido en un teatro, vamos. Tuve esa edad tonta de los catorce años, que tuve un poco de rebote con la vida del teatro, no se por que, y como que no quería saber nada. Hasta que luego, esto que te cuento del Clásico seria como a los dieciocho. Luego, me fui con mi madre que tenía un grupo de Clásico Español y Flamenco, y estuve con ella un tiempo. Que fue muy divertido porque también era trabajar en los nightclubs y en sitios estos de noche pura, con este rollo tan especial de por ahí terminar un pase a las seis de la mañana. Sitios de la Costa Azul, de Portugal….Y luego estuve así un ratito con ella y entre en la cooperativa de Antonio Gades, que se hizo cuando el salio del Ballet Nacional. Esto se llamaba GIAD,: Grupo de artistas independientes de la danza. Y allí fue cuando comencé a aprender un poquito más. Bueno, no, me metí, en otra historia, porque ahí estaban José Antonio y Granero, y Goyo Montero lo dirigía. Entones con Goyo fue otra experiencia porque ya era otra historia, como mas de jazz, con un poco mas de contemporáneo y a mi me gustaba mucho. Estuve ahí tres años con ellos trabajando.
Luego entre en el Ballet Nacional, y allí no me gusto tanto, aprendí lo que es la estructura de una compañía grande, que es importante para un bailarín, pero a mi ya me empezaba a gustar mas que nada el flamenco, y ahí no era un sitio adecuado para eso. Y un día decidí marcharme, así por las buenas, sin tener otra cosa.
Y ahí conocí a Yoko Komasuara, japonesa, y a partir de ahí, si, ya empecé a meterme bien en el flamenco, porque por mediación de ella, se llevaban artistas muy buenos a Japón. Y ahí es donde yo creo que empecé a aprender más de estar con ellos. Y de ver a gente muy flamenca, y muy buenos artistas. Ahí empecé a buscar mi forma, hasta que decidí dedicarme solamente a lo que yo hago ahora mismo, ha pasado un tiempo, porque he tocado muchos palos del flamenco, del Clásico o del folklore. Y lo que mas me gusto ha sido el flamenco, no te podría decir por que. Porque yo creo que va mas con mi forma de ser, con mi interior.
Luego, claro, ya cuando conocí a la familia del Farruco, estuve con ellos en América, ya cada vez lo tenia mas claro lo que me gustaba.
Y luego, también tuve una etapa muy importante cuando estuve cinco años en el campo, en plena sierra, y trabajaba solamente lo justo para vivir, y no salía de ahí. Ahí es donde todos los días salía al campo a bailar con mis zapatos de deporte o descalzo, y pasaba por algunos momentos de crisis de decir:” ¿Por qué no trabajo más?” Estos conflictos que tienes un poco con tu ego artístico, con tu persona y cuando sabes que quieres algo, pero no sabes donde lo puedes encontrar. Y precisamente era allí, en ese sitio de calma, que había caballos, y había vacas, y estaba con Yolanda (Heredia).
Y ahí ha sido el clic que me ha dado por la forma que yo me expreso ahora, mi forma de bailar. Te lo cuento porque para mi es curioso, y además es así…

F.: ¿Qué del flamenco se puede aprender en clases y que es una búsqueda personal?

A.: Yo creo que el flamenco es algo tan extenso que cada uno lo puede interpretar como quiera o como lo sienta, yo ahí no me meto. Pero para mi, no se como decirte. Por mucho que pase el tiempo, por mucho que creamos que estamos evolucionando, pasan los años, estamos en el 2003… Yo cuando pensaba en el 2000 decía: Madre mía, eso, tendrán que haber marcianos. Porque lo veía como algo muy drástico, y acá estamos. Y yo digo, tú te comes una tortilla de papas y esta muy buena, y da igual que sea del año 3000 como el 1900. Hay cosas que no tienen tiempo, que son atemporales. Que no son ni pasadas, ni futuristas. Y eso es con lo que yo me quedo, porque las investigaciones me parecen muy bien, pero de cualquier forma siempre hay que ir a beber o a buscar información de la raíz. Y la raíz del flamenco, es tan poderosa ella, que por mucho que la quieran desvirtuar o por mucho que la quieran mover de su sitio, no se puede, porque ella sola es poderosa, ¿no?
Entonces eso me llena siempre de esperanzas, porque sino, no se en lo que se podría convertir esto.

F.: ¿Tienes algún bailaor que te haya inspirado o servido de modelo?

A.: A mi me encanta Farruco, me ha encantado siempre, pero no lo miro como un modelo. Siempre he mirado a los artistas por como lo hacen, por como son ellos. No me fijo exactamente en que es lo que hacen, sino en la personalidad que tiene el artista. Entonces hay gente en el flamenco, que a mi me ponen los pelos de punta, que son el Farruco, el Funi, que no tiene nada que ver a lo mejor porque es un hombre que canta un poquito y baila. Yo creo que Farruco.
Y luego, el cante me gusta mucho. Me gusta Manuel Agujetas, me gusta mucho el Indio Gitano, era mi cantaor preferido. Siempre he escuchado a los antiguos. Tengo música de todo el mundo, pero cuando quiero escuchar, o cuando quiero alimentarme o cuando quiero centrarme un poco, tengo que escuchar el cante de los viejos, es lo que, (mas que el baile) me gusta, el cante.

F.: ¿Cómo ves el flamenco de hoy?

A.: Yo creo que ahora mismo, afortunadamente se esta enderezando la nave. Yo lo he sentido, unos años para atrás, un poco desconcertado todo, porque era algo como que todo vale y eso implica una falta de criterio muy grande.
Yo creo que estamos en un momento en que vende más la imagen que otra cosa. Ahora mismo, se vende mas un producto, y eso creo que es peligroso, porque igual que te pueden subir, te pueden bajar. Entonces lo único que me queda es la honestidad del artista en concreto. No me llama la atención alguien que sea famoso porque... ¿famoso por que? ¿Porque sale mucho en la tele? Eso no me llama demasiado la atención, porque para mi el flamenco es demasiado difícil como para que de la noche a la mañana seas famoso. Es algo que dura toda la vida, y te vas para el otro mundo, y te quedaría 200 años más. Creo que cuanto mas lo conoces, mas grande se vuelve, más sabio se vuelve.

F.: ¿Tu trabajas con tu baile coreografiando, o simplemente vas siguiendo la estructura, mas improvisado?

A.: Para mí en concreto, cuando yo hago una coreografía o tengo que bailar con alguien, monto las cosas. Todas, desde el principio hasta el final. Para mi, por mi forma de ser, a mi no me gusta hacer todos los días lo mismo. Entonces yo necesito improvisar, porque mi vida la llevo así también. Hay un día que estoy muy alegre, otro día muy triste, y entonces eso no lo puedo evitar, porque siento mucho con la tripa y con el corazón. Con la cabeza, poco. Entones cada vez tengo que montar mas, estructurar mas el baile porque ahora mismo la gente esta mas acostumbrada a montar, me refiero a cantaores, guitarristas. Y para hacer algo improvisado tiene que ser alguien que te conozca mucho, y es muy difícil eso, porque es muy arriesgado. Puede salir o puede no salir. Entonces ahí ando navegando entre que veo que estoy con gente que yo siento que puedo estar relajado, improviso, que no, lo monto, lo estructuro.

F.: ¿Que sientes cuando estas bailando?

A: Pues no siento nada, y es lo que mas me gusta. Yo soy una persona muy complicada de mente, de cabeza, estoy todo el día pensando, y mi cabeza va a mucha velocidad. Entonces cuando bailo, no pienso en nada, nada más que siento, y eso me alivia mucho. Para mi es vital el bailar. Cuando bailo es cuando mejor me siento en mi vida, mejor que con nada.